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Ya llega la Navidad, fiesta de amor y
paz para todos los que creemos que Dios se ha hecho hombre, nacido en un
pesebre de Belén y compartiendo en todo con nosotros, menos el pecado.
No confundamos el sentido y el misterio de la Navidad, que es la
manifestación de un Dios que nos ama y que envió a su hijo al mundo, para
que todo aquel que crea en él tenga vida eterna (Jn 3, 16). San Agustín dice
que: “Dios se hizo hombre, para que el hombre se haga Dios”.
Desde estas palabras de la escritura, y del Santo de Hipona, podemos decir
que la Navidad tiene sentido en nuestra vida cuando nos damos cuenta de que
ésta nos compromete a una vida nueva, a crecer en Jesús y poner en práctica
sus enseñanzas, para alcanzar la salvación y llegar un día al cielo, pues
para esto ha vendido Dios a la Tierra.
El vivir como Jesús nos pide, nos hace ser instrumentos de amor y paz,
entonces podremos decir juntos: ¡“Bienvenida Navidad”!
La Navidad no sólo son luces, árboles y nacimientos; no sólo son tarjetas,
saludos y abrazos; no sólo son cenas, panteones y regalos.
La Navidad es, ante todo, el encuentro de Dios con el hombre y en este
encuentro nos transforma.
Por eso invito a todas las familias, las parroquias, las comunidades, las
empresas, al país entero, que en esta Navidad se dejen transformar por Dios,
que dejen que el Niño Jesús nazca en sus corazones, para que las divisiones
se transformen en unidad, los egoísmos en amor, la violencia en paz y juntos
gocemos de la infinita misericordia de Dios.
Que tengan todos una Feliz navidad y el próximo año sea de paz y
prosperidad. Invocando la protección de María Santísima les imparto mi
bendición episcopal. |