DEVOCIÓN

VIRGEN DE LA PUERTA: DEVOCIÓN SIN LÍMITES

 

La devoción de la santísima y venerada Virgen de la Puerta se extiende por todo el país y el extranjero, por los milagros concedidos que contiene una auténtica lección.

 

La historia cuenta que la Virgen de la Puerta se inicia con el temor de los pobladores de Huamachuco y Otuzco por la llegada de piratas. Es así que sus habitantes colocaron en la puerta de la ciudad la imagen de Nuestra Señora de la Concepción traída de Venezuela. Se esperaba la aparición de los piratas, la población sólo oraba y confiaban en la protección maternal de María Santísima. Tres días y tres noches permanecieron los habitantes implorando juntos en la puerta de la ciudad, a los pies de la imagen, aguardando el temido ataque.
Pero... ¡lo imposible sucedió! Los piratas cuya superioridad numérica y de fuerza era evidente, ¡ni siquiera desembarcaron! Hasta hoy ningún historiador consiguió presentar una explicación natural convincente para el hecho: la ciudad de Trujillo, y los pueblos de Huanchaco y Otuzco fueron preservados de cualquier ataque de los terribles piratas.

DOS PATRONAS
Al recibir la noticia de que las velas de los barcos piratas habían desaparecido, la alegría de los habitantes de Otuzco fue enorme. Así nació el fervor a la Virgen “de la Puerta”, que es hoy la devoción a Nuestra Señora más difundida en el Norte del país. Todas las numerosas y bellas iglesias virreinales de Trujillo poseen una réplica de esta imagen, colocada siempre próxima a la puerta de entrada.
La fama de la imagen en la región determinó que por ocasión del Congreso Eucarístico Nacional realizado en Trujillo, en 1943, fuese escogida para ser coronada canónicamente, como punto culminante de aquella celebración. La coronación, con presencia de un Legado pontificio, se dio el 27 de octubre de aquel año.

MILAGRO DEL ANILLO
Entre los muchos hechos admirables realizados por mediación de la Virgen de la Puerta, el más conocido es el “milagro del anillo”. Un día antes de comenzar la novena de su fiesta, llegó a pie a Otuzco, procedente de un poblado denominado Chimur, una devota muy pobre. Deseaba mandar a celebrar una Santa Misa. Como no poseía dinero para encomendar la Misa, pidió limosnas por todo el pueblo hasta obtener la cantidad suficiente. Satisfecha con el resultado, solicitó al párroco local, un sacerdote de apellido Landa, la celebración de la Misa.
Pero satisfacer a última hora ese deseo por ocasión de la fiesta de la Patrona era imposible, debido a los múltiples pedidos de Misas que se acumulaban para esas fechas. Desconsolada, la pobre mujer renovó el pedido, que no pudo ser atendido por el sacerdote. Comenzó, entonces, nuevamente a pie, el viaje de regreso

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